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martes 7 de julio de 2009

Calderon,Calderon,Calderon!!!

Hay cosas que pasan sólo una vez en la vida….

y aquella tarde fue, definitivamente, una vez en la vida.

El clima estaba más o menos templado. Como a las tres

menos cuarto empezó a nublarse y los

autos ya no circulaban tanto.

Calle 1 había quedado casi desierta, y ya no había gente

que fuese y viniese con ritmo

desenfrenado.

La parada del 214 no tenía más de 3 personas, y eso que

tenía que llegar hasta Berisso igual que

el 202, ese que va hasta el Jardín 904 del Barrio Obrero.

Néstor y su Viejita que ya va por los 80, comen una pizza

de panceta con ají parados en la barra

de Bacci de diagonal 79.

La especialidad de la casa después de la Tercera que mata.

La cancha había quedado vacía hacía ya varios meses. El

pasto, descuidado, crecía sin

miramientos.

Don Alberto está sentado sobre una pelota de tiento

detrás del arco que da al Industrial Albert

Thomas con la mirada perdida en algún punto del césped,

como queriendo revivir alguna jugada

que no había salido bien durante el partido.

Don Alberto es Alberto Zozaya, el hombre que juega y da

vida a los míticos Profesores.

No levanta ni por un segundo la mirada, aunque la tarde se

haya nublado y esté a punto de

largarse a llover.

Tiene muchos años y sin embargo está igual que en 1931

cuando clavó 33 en un solo

campeonato y fue el goleador del primer torneo profesional

del fútbol argentino.

Está igual que cuando hace algún tiempo ya, en su casa,

jugaba con la sangre de su sangre.

Cuando Claudia, la niña mimada, y Marcelo, callado,

introvertido y con una pegada exquisita

idéntica a la del Profesor, pasaban tardes enteras

escuchando a Papá Alberto contar cuanto le

gustaba hacer goles de cabeza porque le sacaba un cuerpo a

los defensores rivales.

Está igual que cuando soñaba ser el bisabuelo de Julia,

de Juana y de Simón, aunque aún no

hubieran nacido Juan, Rodrigo y Rosario, sus nietos.

Nadie lo sabe, pero Don Alberto está esperando a alguien.

Hay cosas que pasan una sola vez en

la vida.

De golpe un ruido lo saca de su concentración y lo hace

levantar la vista.

A los lejos, por el costado de la cancha, se acerca un

chico caminando. Trae una pelota entre las

manos y la hace girar mientras masca un chicle.

Viene de Defensores de Cambacéres para hacer historia como

hace muchos años vino Alberto

desde Entre Ríos.

- Que hacés pibe, te estaba esperando – le dice Don

Alberto extendiéndole la diestra para

saludarlo – Tenía ganas de conocerte.

- Hola, yo soy Calderón – contesta tímido el pibe

mientras estrecha la mano de Zozaya.

Cuando el tiempo se detiene, es inútil tratar de

contarlo…

Y esa tarde el tiempo se detuvo.

Un sol radiante comenzó a asomar por entre las nubes que

anunciaban chaparrones un instante

antes y ya nunca nada volvió a ser lo mismo.

- Me contaron que estás por colgar los botines - dice

Zozaya para romper el hielo.

- Si Don, ya tengo casi 39, creo que este es el último que

juego.

Vengo peleándola desde hace mucho y ya va siendo tiempo de

largar. Hay que dejarle el

lugar a los más pibes, vio?

Recién, cuando venía para acá, me acordaba que el

último gol en esta cancha lo hice yo en

un partido contra Gimnasia.

La mirada de Calderón se nubla de golpe, como cayendo en

la cuenta que los goles tienen fecha

de vencimiento en la cancha pero no en el alma de la gente

y se tapa las manos con la cara

mientras pisa la pelota.

Zozaya paternalmente le acaricia la cabeza y bajito, casi

al oído, le dice:

- No llores pibe, hiciste tantos goles en Estudiantes que

nunca nadie se va a olvidar de vos.

Fijate si no en mí, que los hice allá por el ’31 y

todavía la gente se acuerda. No llores que

vos sos parte de la historia del club y eso no te lo puede

quitar nadie.

Calderón se seca las lágrimas con la camiseta número 9 y

le sonríe a Zozaya.

- Gracias Alberto, si me lo dice Ud. que vive en la

historia del club se lo creo. Igual me pone

un poco triste dejar de jugar.

- Tranquilo, tranquilo, a todos nos pasó lo mismo cuando

colgamos los botines – dice Zozaya

y mira la pelota.

Me la prestás? Me dieron ganas de hacer unos jueguitos.

El gran Alberto Zozaya se vuelve luz con una pelota.

Cuanto hace que no hacía esto, nene! No sabés como lo

extrañaba!

Tenés ganas de patear un rato ? Tengo algunos amigos para

que hagamos un picadito.

- Más bien don Alberto, yo quiero jugar siempre - Responde

José Luis - mientras para de

pecho el centro que tiró Zozaya.

- Ya lo sé pibe… ya lo sé…. Te veo todos los domingos

desde la platea preferencial.

Esperá que le chiflo a unos amigos que siempre se prenden

a jugar.

Zozaya se lleva los dedos índice de las dos manos a la

boca y emite un chiflido que aturde. Por

las dudas lo repite.

No pasa nada.

- Siempre lo mismo con estos pibes! Se deben haber quedado

charlando en los vestuarios – dice

– es que hace mucho que no se ven, sabés?

Vuelve a chiflar dos veces con la misma intensidad.

A los pocos segundos un chirrido metálico interrumpe el

silencio del estadio. Es el sonido

característico de la puerta del túnel que lentamente

comienza a abrirse. Por ese hueco en el

corazón del césped comienzan a salir de a uno en fila: el

“Indio” Guaita, Alejandro “el Conejo”

Scopelli, el “Nolo” Ferreira y Miguel Ángel “Flecha

de Oro” Lauri, todos vestidos con la

camiseta de Los Profesores.

La camiseta de Estudiantes de La Plata.

Todos saludan a Calderón estrechándole la mano.

Estos juegan conmigo - dice Zozaya - ahora llamo a los de

tu equipo.

Don Alberto nuevamente se lleva los índice a la boca y

vuelve a emitir un silbido matador.

Otra vez nada…

El Conejo y el Indio, que jugaban unas cabezas a unos

metros de distancia, comienzan a reírse

por el fallido.

- Hey, Padilla, que pasa ? Te estás poniendo viejo ?

Zozaya los mira y se ríe.

- Viejo yo ? Viejo es el viento y todavía sopla.

Otra vez el chiflido ensordecedor.

- Voy a tener que afinar la puntería – le dice Zozaya

por lo bajo a José y larga la carcajada.

Ahora van a ver estos dos.

Un chiflido más ensordecedor aún.

Por debajo de la techada, al trote, aparece Osvaldo

Zubeldía con un pizarrón bajo el brazo y

unas tizas en la mano.

No hay tiempo para saludos ni presentaciones.

- Calderón, usted juega arriba, de 9, pero va a jugar con

la camiseta número 4 así los del

otro equipo no van a saber que lo tienen que marcar, me

entendió?

No lo hago jugar con la 2 porque esa está reservada.

- Don Osvaldo, yo voy al arco de 57 – grita el flaco

Pezzano poniéndose los guantes a las

corridas y dejando la carterita de cuero con los documentos

y las llaves del Fiat 600 a un

costado mientras le hace un guiño a Caldera que a esta

altura no puede creer lo que está

viendo y se frota los ojos como un niño que recién se

despierta.

- Calderón! Deje de toquetearse los ojos que no tiene

conjuntivitis y póngase a jugar porque

si no, le hago hacer 20 abdominales más!

La voz del Profe Echeverría retumba en todo el José Luis

Hirsch.

Ninguno de los presentes presta importancia al hecho, pero

el Profe está en pijama y con un

sobretodo encima, como cuando lo llamaron a las 2 de la

mañana Bilardo y Correbo para que se

sume al equipo del ’82.

- Nene, hacé caso que yo se lo que es hacer 200

abdominales, yo ya lo pasé con

Kistenmacher – le dice Eduardo Luján Manera a Calderón

por lo bajo para que el Yacaré no

escuche y se pone a hacer piques cortos para ablandar las

piernas.

- Mirá que el Yacaré te deja todo roto de tanto hacerte

correr y después no te cura ni

Marelli, eh! – Acota Felipe Ribaudo mientras le sonríe a

Echeverría y corre a darle un

abrazo.

- Caldera, mirá como la clavo olímpica igual que contra

el Boca de Rattín – grita El “Piojo”

Zibecchi y, como quien no quiere la cosa, la clava nomás.

El “Cusa” Orife mientras tanto, le

cuenta a quien quiera escucharlo que sueña con romperla en

Primera.

Cabezas, para no perder la costumbre y como para

impresionar, hace 3 seguidos como contra

Deportivo Galicia aquel 30 de marzo de 1976 por la

Libertadores, cuando la muerte oscura

andaba rodando por aquí.

- Dale Calderón, pateáme unos tiros así voy entrando en

calor, soy Gabriel Mario Ogando,

arquero, encantado.

- Alberto, en serio vinieron todos para jugar conmigo ?

Pregunta José Luis

- Esto no es nada pibe – Le dice Zozaya con una sonrisa

cariñosa y sobradora – esperá un

ratito que alguno más seguro va a caer.

Casi todos comienzan a patearle unos tiros al arco a Ogando

y al Flaco y, cinco minutos

después, entran corriendo Ricardo “El Beto” Infante y

el “Payo” Pellegrina, agitados como si

hubieran perdido el tranvía que los trae a 57 y 1.

- Perdón Muchachos, se nos hizo un poquito tarde. Para

quién juego ? Dice el Beto mientras

se ata los cordones de los botines.

Que hacés Caldera, disculpame, no te había visto –

acota el “Payo”.

- Jugás con nosotros, Beto – le dice Zozaya – o ya te

olvidaste como era ?

El Beto lo mira, y así como venía la pelota que le había

tirado el Nolo con la excelencia de

siempre, la clava de rabona en un ángulo como en aquel

partido contra Central, cuando el

arquero rival se acercó a felicitarlo por el gol.

- Ahora andá a buscarla – Le dice Infante

– Ahí tenés, mirá como me olvidé.

Infante y Zozaya se ríen y se dan un abrazo como si

hiciera años que no se vieran.

José Luis no sabe a quien mirar primero.

Tiene a todas las glorias de Estudiantes ante sus ojos y no

lo puede creer.

Nuevamente la 9 se empapa de lágrimas.

“Si mi viejo me viera con todos estos monstruos”

piensa.

- Calderón, hey ! Calderón! Preste atención que voy a

dar la charla técnica – Ruge el León

Zubeldía.

- Préstele atención Calderón, yo se por que se lo digo,

préstele atención, yo lo conozco a este

tipo, vaya si lo conozco. No nos presentaron. Soy Mariano

Mangano, Presidente del Club.

José lo mira como quien mira a un Prócer hasta que una

voz, que le resulta familiar, lo trae de

vuelta a la realidad.

- Jóse! Jóse! Dale pedazo de boludo! Dale que queremos

arrancar. Dale que vinimos todos

a jugar con vos! Es tu partido, boludo!

Yo conozco esa voz - piensa José Luis por unos instantes

– Yo conozco esa voz - y comienza

a buscar con la mirada para ver de donde viene.

Edgardo Prátola con los rulos sobre los hombros y

metiéndose la camiseta dentro de los

pantalones le sonríe desde la medialuna del área grande.

- Dale boludo, dale así arrancamos! – le repite el Ruso

para aclarar los tantos y revolea un

fulbazo a la tribuna para dejárselo bien claro mientras se

acomoda el brazalete de Capitán.

- Vio Calderón, yo se lo dije. La 2 estaba reservada –

Aclara Don Osvaldo para poder

arrancar el partido.

Teodoro Nitti, el árbitro, da por comenzado el match. A

los 3 minutos, para ser exactos, los

Profesores comienzan a dar cátedra. Solamente pasaron

setenta años desde la última vez que

jugaron juntos y sin embargo las paredes de Guaita y

Scopelli salen solas. Tienen la misma

vigencia que si las hubieran tirado ayer, domingo a la

tarde. Lo llevan en la sangre.

El Ruso trata de cerrar como puede y de paso le pega un par

de gritos a sus compañeros para

que apuren la marca y no se duerman en los laureles. El

Beto Infante toca con la maestría

habitual para que Lauri se escape por derecha y lance un

centro incontrolable como un rayo que

Alberto Zozaya conecta de memoria con la cabeza, como a él

más le gusta, para mandarla al

fondo del arco. Un golazo.

- Veo que todavía te acordás – Le dice el Nolo a Don

Alberto mientras lo abraza para festejar

la conquista.

Zozaya se ríe y le hace un gesto a Ferreira como diciendo:

“pueden pasar cien vidas y jamás voy

a olvidarme”.

Al reanudarse el juego sale Calderón al ataque y hace una

jugada de antología con Eduardo

Luján Manera. Tocan ambos como si toda la vida hubieran

jugado juntos. Felipe Ribaudo, Manera y

Calderón se entienden de memoria y Prátola comanda desde

el fondo. Los Profesores se miran

desconcertados.

La jugada termina con un penal de Gabriel Ogando a

Calderón.

- No me quedó otra que bajarlo porque se iba solo al gol

– Explica el guardameta cuando

Scopelli pregunta.

- Pateálo vos José Luis! – Grita desde el arco Oscar

Pezzano – Dale que es tu partido!

Calderón lo mira a Prátola y le dice:

- Ruso, pateálo vos. Regaláme un gol más. Regaláme el

de la despedida.

El Ruso le guiña un ojo como diciendo: “te debo una” y

con actitud decidida parte hacia el punto

del penal. Acomoda la pelota, toma carrera y la clava al

lado del palo.

El estirpe de gran Capitán en el alma. Después de hacer

el gol, automáticamente se besa la camiseta

albirroja.

Ana Laura y sus dos nenas lloran de emoción en la techada.

Zubeldía y Mangano también. José

Luis lo abraza como se abraza a un hermano y Prátola

cariñosamente le palmea la espalda.

Ambos caminan juntos hacia el centro de la cancha.

Antes que el partido se reanude José Luis se saca la

número 9 y se la da a Prátola.

- Ruso, estás con nosotros – le dice y comienza a

caminar hacia el costado de la cancha.

Los Profesores le hacen una doble fila de honor a José

Luis. Lo van abrazando mientras sale del

campo de juego y entra en la gloria. El Beto Infante llora

de emoción.

La emoción de los grandes.

Con la salida de Calderón la gente comienza a treparse al

alambrado. De a uno van subiendo todos.

El réferi lo mira a Prátola y le dice:

- Mister, hágase cargo. Ud. es el Capitán.

Pellegrina y el Yacaré Echeverría sonríen. Prátola,

como buen caudillo, se encarga del asunto.

- Espere un cachito Jefe – le dice al árbitro – Espere

que son todos amigos los que están

subidos al alambrado. Está bien que están gritando como

unos desaforados, pero son todos

amigos. Espere que ya los bajo.

Che, loco, bájense y miren el partido! Ya sabemos que

vinieron todos al partido de

despedida del Jóse, pero siéntense y no hagan quilombo

que queremos seguir jugando un

ratito más!

- Ruso, vos no perdés más la maña de gritar adentro de

la cancha eh ?Mirá que yo también

juego con ese número! – Grita, subido al alambre,

Julián Camino y todos le festejan la

humorada.

José Luis Calderón los mira de frente desde la línea de

cal y golpeándose el corazón con el

puño derecho parece querer decirles “Gracias por todo,

los llevo conmigo”.

De golpe el gesto de José Luis funciona como un bálsamo y

uno a uno, todos los que están

colgados del alambrado, van sentándose en la tribuna:

Camino, el negro Rubén Agüero,

Juan Carlos Delménico, el Bambi Flores, Hugo Medina, Raúl

Forteis, Abel Herrera, Luis

Raimundo, Alberto Poletti, Carlitos Cajade, Ignacio Peña,

Antonio García Almeijenda,

Hugo Issa, José Luis Brown, Néstor Togneri, Hugo

Gottardi, Juan Ramón Verón, Guillermo

José Trama, Marcos Conigliaro, Alejandro Sabella, Raúl

Madero, Huguito Spadaro,

“Juanchi” Taverna, Carlos Maschio, Oscar Malbernat,

José Daniel Ponce, Milano, Rudzki,

el “Petiso” Frassoldatti, el “Tucu” Aguirre

Suárez, Henry Barale, el “Fantasma” Benito,

Alfredo Letanú, Raúl Lavezzi, Miguel Ángel Russo,

Eduardo “el Bocha” Flores, Rubén

Horacio Galletti, Carlos Pachamé, Hugo Mateos. Todos.

El grito de “ Caldeeera, Caldeeera ” comienza brotar de

las gargantas de toda la tribuna y a

bajar por los tablones de madera del viejo estadio de 57.

Bilardo se arregla el nudo de la corbata y mira para otro

lado porque no quiere que lo vean

llorar.

En el alambrado quedó solo un chico trepado. Es Juan

Sebastián, el amigo de José Luis que

grita emocionado porque es el hincha más fanático….

Llovía a cántaros y las chapas goteaban por todos lados.

El despertador sonó como cada

mañana a las siete menos cuarto dentro de la diminuta

habitación de paredes descascaradas.

La mamá de José Luis fue hasta el cuarto del fondo

esquivando pelotas y camisetas a

despertarlo.

- Má, no sabés lo que soñé, no sabés lo que soñé!

– le dijo José Luis aún transpirado por el

sueño a su Madre.

- Soñé que jugaba en la primera de Estudiantes Mamá, con

todos los grandes!

Zozaya, Zubeldía, Manera, Pezzano, Prátola, Infante,

Ferreira, Ogando, estaban todos

Mamá. Estaban todos!!!!!!!!!!

Y sabés lo que me dijo Zozaya en el sueño Ma, sabés ?

Querés que te cuente ?

Me dijo: Pibe, el viejo Ignomiriello algún día dirá que

Estudiantes antes que deportistas

forma hombres de bien. Ahora vos lo sabés tan bien como

nosotros… Ahora sabés que nada

en el mundo se compara a lo que siente una persona que se

pone la camiseta del Pincha.

- Eso me dijo Ma! Y sabés que?

Sabes que, Mami ?

Ya se que quiero ser cuando sea grande. Quiero ser el

goleador de Estudiantes de La Plata.

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